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Aitor, aviador

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© del texto Aitor Aviador: Eva Latonda © de las ilustraciones: Maru García, 2012

Sobre el TDAH (Trastorno por déficit de atención e Hiperactividad)

Las neuronas llevan y traen mensajes a nuestro cerebro como si de miles de carteros se tratasen. Para que el cerebro pueda ordenar toda esa información, existen unos órganos muy sensibles que lo coordinan todo.

Puede ocurrir que esos órganos de coordinación no funcionen del todo bien, por lo que la información va más lenta. Cuando a un niño o a una niña le pasa esto, no puede concentrarse de igual manera que lo haces tú. Se distraen fácilmente, son impulsivos y necesitan moverse muchísimo.

Leyendo la historia de Aitor, aprenderás a descubrir la cantidad de cosas fascinantes que esconden en su interior estos amigos con TDAH.

Tic, tac, tic, tac…

El tiempo pasa y esta lección no me entra. Tic, tac, tic, tac… Voy a jugar a las canicas, me encantan las de colores chillones, pero le prometí a papá que acabaría a tiempo la tarea…¡Buf! El reloj no deja de dar vueltas… ¿Me dará tiempo de sacar los rotuladores que brillan en la oscuridad?…

Tic, tac, tic, tac…

Vaya, si estáis ahí. Perdonadme, no me había fijado en vosotros… Tengo tantas cosas en la cabeza…

¡Por fin, he encontrado mi colección de gomas de borrar!

Mirad, mirad, las tengo de todo tipo; grandes y pequeñas, con olores y sin olores, con formas de herramientas, de animales, de juguetes… Aquí está mi preferida, esta goma imita ¡un patinete! Por cierto ¿Y mi patinete? Debería estar aquí… Sí, sí juro que lo guardé aquí…

Tic, tac, tic, tac…. ¡Vaya! El examen de mates me está esperando…

Y ahora que me doy cuenta, no os he dicho quien soy. Soy Aitor, os puede parecer que soy un despistado pero, en absoluto… lo que me pasa es que me cuesta concentrar la atención y necesito moverme mucho…

¡¡¡Por fin!!! Sí, aquí está mi patinete.

Bueno, como os decía tengo un Trastorno del Déficit de Atención e Hiperactividad, por eso los médicos lo llaman TDAH Tic, tac, tic, tac… ¡Ay madre!, el reloj…

A veces, en el cole a mis compañeros les cuesta jugar conmigo porque me enfado con cierta facilidad…

Además, necesito el doble de tiempo que ellos para aprender, y eso me da una rabia… aunque no soy nada torpe.

Ahora Francisco, mi médico, aunque me ha dicho que no todos los niños las necesitan, me ha recetado una medicina que viaja a mi cerebro para que a mis neuronas les llegue la información más rápidamente, y así evitar que me salte renglones al leer, ayudar a que me entere mejor de las explicaciones en clase y conseguir que me levante menos del pupitre. Y además tengo a Tere, la sicóloga, que nos ayuda a mis padres y a mí con pistas que hacen que me concentre mejor.

Papá es un tío grande y conmigo lo habla todo. Sus conversaciones me ayudan mogollón. Me mira a los ojos y me dice las cosas que tengo que hacer despacito y de una en una…

“Las medicinas no lo son todo, Aitor”, me dice con ternura, “tu tesón y nuestro cariño te servirán para crecer”. Y es verdad

En el cole mi profe Rafa, ya no me corrige los deberes con boli rojo, ni me hace hablar en público. Me sienta muy cerquita suyo y me fracciona la tarea para que no me agobie tanto. Además procura que mis compañeros jueguen conmigo.

Así, poco a poco, la gente de clase me está empezando a conocer mejor: Me invitan a sus cumples, me llaman por teléfono, quedamos en el cine…

Tic, tac, tic, tac… Vaya, el reloj me recuerda que tengo que seguir estudiando matemáticas. Si quiero ser aviador como mi padre, necesito saber un montón de álgebra… Sueño con volar por los aires y decirle al mundo entero que uno puede ser lo que se propone…

Ya sé que va a ser un camino largo, pero como dice el refrán “Soñad y os quedaréis cortos…”

Tic, tac, tic, tac…

Fin

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