Regina y Ramón en: La foodtruck de tus sueños
De 2 a 8 años
Introducción
Los protagonistas de este libro son la caña. “Regina, as de la cocina” y “Ramón Paleontólogo de profesión”. Los encontrarás buscando en la Biblioteca Infantil de Fundación ONCE, en donde siempre pasan cosas fantásticas. Por ejemplo, esta misma historia en la que vas a conocer cómo la creatividad de Regina y la constancia de Ramón serán imprescindibles para conseguir un resultado de ensueño: montar una auténtica Food Truck para la I Feria Nacional de Institutos JÓVENES Y EMPRENDIMIENTO.
Regina tiene sordoceguera. Las personas sordociegas no ven ni oyen como tú. Lo hacen de forma diferente. Podrás reconocerlos fácilmente, porque usan un bastón rojo y blanco para identificarse. La sordoceguera no son dos discapacidades juntas, es una única discapacidad que tiene sus propias peculiaridades. Unas personas han nacido con este déficit. Otras, han ido perdiendo poco a poco los dos sentidos. Para comunicarse Regina necesita un mediador que se llama Agostiño, gallego como ella, quien la acompaña y es su amigo.
Ramón tiene TEA (Trastorno del Espectro del Autismo), una discapacidad relacionada con el modo en el que se desarrolla nuestro cerebro. Según los casos, unas personas hablan mucho y otras menos. También hay quienes se comunican con imágenes. En ocasiones pueden hacer movimientos repetitivos con las manos o insistir en hacer las cosas de la misma manera. A Ramón le encanta dibujar y conoce todo lo que hay que saber sobre los dinosaurios, pero lo mejor que se le da son los números, en eso es un as, como Regina en la cocina.
¿Podrá Ramón ayudar a Regina en su propósito? No te lo pierdas.
Capítulo 1: La Feria Nacional de Institutos
“¿Estáis preparados para la I Feria Nacional de Institutos JÓVENES Y EMPRENDIMIENTO? Un lugar en el que chicas y chicos de toda España podrán mostrar sus proyectos de emprendimiento. ¡Apúntate ya! ¿A qué estás esperando?”
El instituto estaba lleno de carteles y de folletos explicando las bases, y todos los compañeros de Regina se sentían emocionados con la idea de participar. Eugenia, la jefa de estudios, llamó a Regina a su despacho.
—Regina, desde el Rosalía de Castro —así se llamaba su “insti”— hemos pensado presentarte como candidata porque hemos comprobado que tienes todas las cualidades para ser una emprendedora: pasión, creatividad y constancia. ¿Te animas a representarnos?
—¡Pues claro! —cómo no me iba a hacer ilusión…
En cuanto salió del despacho, agarró la mano de Agostiño con más fuerza que nunca. Esa era su oportunidad de darse a conocer. Su blog con recetas del mundo había crecido lo suficiente como para dar el salto y cumplir su sueño de convertirse en una referencia gastronómica. Aprovecharía al máximo la oportunidad que le daban para ir a la feria y demostrar lo que era capaz de hacer.
Capítulo 2: ¿Una food truck?
—¿Una food truck? —dijo Agostiño—. Esa es una idea genial, pero…
—¿No se te podría haber ocurrido algo más fácil? —dijo preocupado Ponce, el padre de Regina.
—Nada, nada. ¿Pues no iba la abuela Genoveva en “La Calva” —así llamaba su madre a la “furgo” de la abuela— de casa en casa repartiendo sus comidas hace años? Ya solucionará la niña lo que tenga que solucionar. Nosotros a ayudarla en lo que haga falta —respondió su madre.
—Pero, Carmenchu, que una food truck de esas necesita que el vehículo esté homologado y tenga certificados sanitarios y no sé cuántas cosas más…
—A ti se te da de maravilla esto de animar a la niña —le dijo con ironía.
Agostiño puso paz:
—A ver, Carmenchu, que razón no le falta, aunque, lo más complicado no es averiguar los trámites legales y los permisos. Lo más complicado es lo del plan de negocio.
¡Un plan de negocio! ¡Es verdad! ¿Quién nos lo podría hacer? No había terminado de pensarlo cuando enseguida le vino un nombre a la cabeza: su amigo Ramón.
Capítulo 3: Ramón, de paleontólogo a director financiero
Ramón era un chico que Regina había conocido el pasado mes de julio en el Campus de Videojuegos para Jóvenes de la Fundación ONCE. Sabía muchísimo de dinosaurios y se habían hecho bastante amigos, y eso que a Ramón le costaba al principio lo de entablar amistades. Desde entonces se había convertido en el seguidor más activo de su blog: comentaba cada vez que ella subía una nueva receta.
El caso es que Ramón también era un hacha en eso de los números. Durante aquellos días en los que compartieron experiencias, habían resuelto un montón de enigmas y problemas juntos.
Había llegado el momento de dar un paso serio en su proyecto: nombrar a su primer socio.
Capítulo 4: La lista
Regina estaba expectante por saber la respuesta de su amigo. ¿Aceptaría la propuesta de convertirse en su socio?
Ella sabía que Ramón era muy minucioso y que tardaría un tiempo en decidirse a contestar. Pero ya habían pasado ¡tres semanas! No, eso era demasiado incluso para Ramón. Estaba a punto de tirar la toalla y nombrar a otra persona como socio financiero cuando recibió un mail de Ramón, muy formalito.
Querida Regina:
Tras darle muchas vueltas, he visto la viabilidad de tu proyecto y me decido a unirme a él. Tenemos que demostrar al jurado de la Feria Nacional de Institutos JÓVENES Y EMPRENDIMIENTO que nuestro proyecto es el mejor para ganar el primer premio y hacer que tu food truck se haga realidad.
El plan de negocio es fundamental para nuestro éxito. Tenemos que trabajar sobre las siguientes cuestiones:
Concepto: definir el tipo de comida y el público objetivo al que vamos a dirigirnos.
Marketing: una buena imagen de marca y una web son esenciales, por eso te adjunto esta propuesta.
Presencia online: como tu blog ya tiene muchos seguidores, no será difícil tener unas redes sociales atractivas que llamen la atención de posibles clientes.
Ubicación: investigar y elegir lugares estratégicos para la venta, como la propia feria, además de otros eventos y festivales. Te propongo una lista.
Seguimos en contacto para avanzar.
Ramón
Capítulo 5: Los cabos sueltos
Estaba claro que no se había equivocado al elegir a Ramón. ¡Pero si ya lo tenía casi todo hilvanado!
—Todavía quedan algunos cabos sueltos —dijo muy seria a toda su familia, que la escuchaba con la boca abierta—: la customización de la furgoneta y el menú.
Lo de la customización hubo que explicárselo varias veces a su padre, aunque al final lo entendió bastante bien. Hacer las mejoras necesarias en “La Calva” para que “los de los permisos” … dieran los permisos.
—Aunque no es necesario que lo hagamos todavía, papá. Bastará con una maqueta. Si ganamos el premio ya tendremos tiempo de hacerlo real.
Ponce se puso con mucha ilusión a hacer los planos. Aquello se había convertido en todo un equipo de trabajo. Hasta el mismo Agostiño andaba con serruchos, contrachapados y pintura para la maqueta.
Del menú estaban encargadas Regina y varias compañeras del “insti“ que se habían animado a echar una mano gracias a Eugenia, la jefa de estudios. Pero cuando lo terminaron, surgió una contrariedad con la que no contaban para nada.
Capítulo 6: ¡Qué contrariedad!
Ramón…
Ramón, muy organizado, había elaborado un menú de lo más peculiar y se lo había enviado a todos los del equipo:
- Jurassic Wraps (tortillas rellenas de verduras y pollo).
- Burgers Triceratops (mini hamburguesas con pan integral).
- Pizzi-Raptor (pizzas con el borde relleno de ajo).
- Batidos T-Rex (licuados de frutas verdes y naranjas).
Regina no había pensado que Ramón, tan amante de los dinosaurios, iba a querer hacer su jurásica aportación. ¿Cómo decirle, con tanta ilusión que había puesto, que esa idea no era la que todo el equipo tenía en mente?
Lo más importante, mucho más incluso que ganar el primer premio en la Feria, era que Ramón estuviera satisfecho. Regina tenía mucho aprecio por sus recetas, pero sentía que era todavía más importante no defraudar a su buen amigo. Así que puso a todo el equipo a trabajar para hacer el esfuerzo de cambiar un poco los planes.
Capítulo 7: Un producto encantador
Ni corta ni perezosa, Regina se puso a organizarlo todo. Aunque las ganancias en un negocio son muy importantes, en este caso el factor humano era mucho más importante. No decepcionar a Ramón.
Hubo que recomenzar con la maqueta en la que estaban trabajando Ponce y Agostiño. Unos arreglos por aquí y por allá, y la furgoneta se transformó en un precioso dinosaurio que servía de divertido diseño de marca.
Después, el equipo de marketing se puso a buscar lugares en los que poder estar presentes con su nueva marca, como por ejemplo Dinópolis, en Teruel, un lugar perfecto para vender su saludable comida.
Por último, el menú. Regina sacó de su agenda las recetas más divertidas que le había enseñado su abuela y las rebautizó con nombres jurásicos, dándoles ese toque especial que solo ella sabía darles.
Cuando Ramón vio todo, estuvo seguro de que aquel iba a ser un proyecto ganador. Tal vez no el ganador del certamen, pero sí el ganador de todos los corazones que habían dejado su cariño en él.
Capítulo 8: ¡Y por fin en la Feria!
Por fin había llegado el gran día. La Feria se celebraba en un enorme pabellón, con luces de colores, altavoces animando a todos y cientos de chicos y de chicas corriendo de un lado a otro con nervios y sonrisas. Y allí estaba todo el equipo dinosaurio junto.
—¡Madre mía! —dijo Ponce mirando alrededor—. ¡Si aquí parece que todo el mundo ha montado una NASA particular!
Había proyectos de lo más sorprendentes.
Un grupo de alumnos de Valencia había creado un robot jardinero que regaba las plantas solo cuando tenían sed. El robot, vestido con un sombrero de paja, incluso cantaba coplillas mientras regaba.
En otro stand, unos chicos de Zaragoza presentaban su cámara recicladora de plásticos, que trituraba tapones y los convertía en hilos de colores para impresoras 3D. Habían impreso un ajedrez entero en tamaño gigante, y cada ficha llevaba gafas de sol y bigote.
Pero lo más llamativo era el invento de un instituto de Bilbao: un patinete volador con energía solar. Eso sí, el único que se atrevía a probarlo era el propio creador, que llevaba coderas, casco, rodilleras y hasta una almohada atada a la espalda por si acaso.
—Esto es increíble… —susurró Regina a Ramón mientras tocaba con la mano la maqueta de su dinosaurio—. ¿Y si nuestro proyecto no gusta tanto?
Capítulo 9: El jurado
Ramón, que no solía decir muchas palabras de golpe, contestó con calma:
—Regina, la gente no siempre recuerda al más espectacular, sino al más auténtico. Y tú eres auténtica.
Ese comentario le dio fuerzas. Cuando por fin llegó su turno, Regina y Ramón colocaron la maqueta en el centro del stand. El dinosaurio parecía guiñar un ojo gracias a una pegatina mal puesta, lo que arrancó las primeras risas del jurado.
Regina, con la ayuda de Agostiño, empezó a explicar el menú con nombres jurásicos, y Ramón sacó gráficos y números que demostraban la viabilidad del negocio. La combinación era tan rara que resultaba encantadora. El jurado no pudo evitar sonreír.
Lo mejor llegó al final, cuando ofrecieron a los visitantes unas mini degustaciones que había preparado Regina con ayuda de Carmenchu: pequeñas galletas en forma de dinosaurio rellenas de chocolate.
—¡Eh, estas diplogalletas están riquísimas! —gritó un niño con la boca llena, mientras corría a por otra.
El stand de Regina y Ramón se llenó en cuestión de minutos. No sabían si ganarían el premio, pero sí que estaban consiguiendo lo más importante: que todos disfrutaran de su idea.
—Misión cumplida —dijo Ramón.
Y sin importarles quien había ganado o no, Ramón y Regina se felicitaron. Verdaderamente lo habían conseguido.